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Archivo 2000-2001
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Plebiscito en Sarapiquí

Votantes aprobaron conservación del río
(SeMueve: diciembre 2000)

Por Bértold Salas

El pasado 24 de setiembre las comunidades sarapiqueñas tuvieron la oportunidad de participar en un plebiscito que proponía la protección de la cuenca del río Sarapiquí al transformarlo en Patrimonio Natural Histórico.

Quienes acudieron a los centros de votación pudieron expresar su posición ante la siguiente pregunta: "¿Está usted de acuerdo en conservar la Cuenca del Río Sarapiquí solicitando su declaratoria como Monumento Natural Histórico?".

Según informó la municipalidad sarapiqueña, 2254 personas participaron, de las cuales 2036 optaron por el "Sí", mientras 201 personas vetaron la propuesta. Aunque las cifras demuestran un triunfo de la tesis ambientalista, el sector que apoyó el "No" ha señalado que los votos positivos suman solamente un 11,68% del padrón electoral del cantón.

¿Qué implicaciones puede tener el plebiscito para las actividades de generación hidroeléctrica? ¿De qué manera puede sentar un precedente en lo que se refiere a la participación ciudadana? SeMueve indagó sobre las perspectivas de ambientalistas, representantes municipales y personas conocedoras de la problemática.

¿Porqué el plebiscito?

La consulta provino de una iniciativa de la comunidad y de sus distintas organizaciones ante el deterioro de la cuenca del Sarapiquí por la explotación hidroeléctrica.

En los últimos años el número de plantas generadoras creció, y de manera desordenada hasta el punto de que, según Rocío López de la Asociación para el Bienestar Ambiental de Sarapiquí (ABAS), ya fue superada la capacidad de la cuenca de ser explotada sin perjudicar el ambiente.

Según López, existen evidencias de un abuso de los recursos hídricos: la multiplicación de cabezas de agua que provocan la muerte de peces e inundaciones; la pérdida del volumen del caudal de afluentes del Sarapiquí, como los ríos Volcán, San Fernando y Toro. Algunos de estos ríos dejan de ser navegables y afectan así a poblaciones que no cuentan como otro medio de transporte.

La disminución del caudal también perjudica a los agricultores y las crecidas de agua a los empresarios turísticos. La industria turística se ha transformado en la última década en una de las principales fuentes de ingresos para los sarapiqueños: alrededor de 150 pequeñas empresas, explicó López.

Germán Guardiola, de la Oficina Ambiental de la Municipalidad de Sarapiquí, comentó que en los últimos años se ha dado "cierto desarrollo, los vecinos construyen muelles, compran carro y bote para responder a las demandas turísticas". Sin embargo, el deterioro del paisaje y las ya constantes cabezas de agua ahuyentan a los visitantes.

Según Guardiola, el incremento en el número de plantas hidroeléctricas en los últimos años se debió a la Ley 7200 sobre la cogeneración privada de electricidad, la cual obligaba al ICE a comprar la energía aunque no la requiriera.

"Un negocio redondo para los inversores, casi siempre con vínculos con políticos", dijo el abogado Jorge Mora P. Para las comunidades, en cambio, el resultado fue perjudicial: los empresarios aprendían sobre la marcha el asunto de la "generación eléctrica" y, por ser su propósito lucrar, no pensaron en las implicaciones sociales. Según López, los proyectos privados no brindaron beneficio alguno, "más allá de los empleos en su construcción, un consuelo para un año o dos".

Un nuevo proyecto, esta vez de la Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH) en La Virgen, motivó la consulta popular.

Según Guardiola, la primera solicitud para un plebiscito se dio en 1998, pero entonces se carecía de experiencia, se desconocían todas sus características y alcances y se debió solicitar la asesoría del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).

Al año siguiente se formó una comisión que incluía, entre otras personas, a Guardiola y a Rocío López. Según el primero, fueron invitados representantes de la ESPH, pero estos se retiraron tras unas pocas sesiones y sin sin explicarse.

En setiembre de 2000, tras una preparación de meses y con la supervisión directa del TSE, se realizó el plebiscito.

Empresa no acepta legitimidad de la consulta

Poco después de la consulta y en nombre de la ESPH, el ingeniero Pablo Soto publicó un campo pagado en la revista Sin Fronteras, en el que cuestionaba su legitimidad. Decía el comunicado que "el pueblo de Sarapiquí en su totalidad no ha dicho Sí a la declaración del Río Sarapiquí como patrimonio" y eso "pese al esfuerzo de los grupos interesados para evitar que dicho río sea utilizado para el crecimiento y desarrollo del país".

Además de no considerar el resultado como representativo de la voluntad sarapiqueña, agregaba que "la declaratoria del Río Sarapiquí como patrimonio no le corresponde solamente a un cantón sino a todo el país".

Tras esto destacaba que sin una campaña como la desarrollada por los grupos ecologistas y turísticos, uno de cada diez votantes votó "No" y, "en el caso de La Virgen, donde la ESPH S.A. ha desarrollado un trabajo comunal y ha explicado dichas ventajas, dicha votación llegó a 27,0%".

Para la realización de este reportaje en dos ocasiones se solicitó a Soto, a través de su secretaria, una extensión de sus declaraciones, sin que hasta el cierre de edición se haya recibido respuesta.

A su vez, Guardiola respondió a las objeciones de Soto sobre la escasa participación: "Tomemos en cuenta que es un cantón muy grande, el traslado es muy difícil, apenas era el segundo plebiscito en el país, su tema era muy específico y la pregunta muy compleja".

Además, agrega Guardiola, "no puede suponer que los que no votaron preferían el "No". Calificó de poco seria la declaración del representante de la ESPH: "¿De dónde sacó esas cifras?", dijo y ejemplificó "¿Sabe cuántas personas votan en las distritales de Liberación y la Unidad en Sarapiquí? No pasan de mil".

Participación comunal

Rocío López comentó que con el plebiscito se buscó definir el tipo de desarrollo que se quiere realizar en la cuenca.

Distintas organizaciones, con años de trabajar en el cantón, crearon una plataforma a través de un comité integrado, entre otros, por la Cámara de Turismo, ABAS, la Asociación de Desarrollo Integral de Puerto Viejo, la Asociación Centro de Capacitación del Atlántico Norte (ACECAN), la Asociación del Acueducto de Chilamate, la Asociación de Transportistas Acuáticos y la Asociación de Vigilancia del Sarapiquí (AVESA).

El papel de la Municipalidad fue muy importante, porque le correspondió operar la consulta. Según Guardiola, aunque a lo interno del Consejo se dieron y se dan diferencias, la Municipalidad participó desde el principio y así lo confirmó López: "la Municipalidad pudo alegar falta de fondos o trabar las operaciones, pero no".

Mora destacó del plebiscito, "independiente de qué venga después", que las comunidades empiezan a utilizar herramientas que se tienen y no se usan. El plebiscito, por ejemplo, "es obligatorio para la Municipalidad, si son presentadas una cantidad de firmas que así lo pidan".

Si las consultas se hacen una costumbre, esto obligará al diálogo entre las instituciones públicas (ICE, por ejemplo) y privadas (ESPH, en este caso) con las municipalidades y las comunidades, explicó Mora.

Mora también agregó, por otra parte, que las comunidades han de distinguir sus intereses de los de los grupos participantes. En el caso de Sarapiquí, por ejemplo, analizar si los intereses de las empresas turísticas, algunas grandes, no se hacen pasar por los intereses populares.

Además del plebiscito, las municipalidades cuentan con otras herramientas a raíz del nuevo Código Municipal, que brinda más atribuciones. Por ejemplo, ilustró Mora, "la Municipalidad puede definir zonas de uso del suelo y un plan de manejo de uso de la cuenca y dar limitaciones de uso", que es más o menos lo que se realiza en Sarapiquí tras el plebiscito.

"También es posible pensar en la generación eléctrica como actividad comercial que requiere patente municipal, establecer un reglamento de patentes que incluya variante ambiental y aprobar o desaprobar los nuevos proyectos". Esta segunda alternativa, reconoció Mora, requiere una gran voluntad política al interior de las municipalidades.

¿Qué viene ahora?

Para Mora, el texto de la pregunta en el plebiscito fue una apuesta de los grupos ambientalistas pues utiliza una figura ("Monumento Natural Histórico") que no está categorizada en la Ley Orgánica del Ambiente.

Corresponderá al Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) que, tras el "Sí", se aclare qué es un "Monumento Natural Histórico", qué se puede hacer con él, cuáles son sus funciones y restricciones.

La ventaja y el riesgo de la figura, estimó Mora, es que transforma la protección del Sarapiquí en un asunto de interpretación, lo cual exigirá la negociación de los grupos interesados.

Para López la palabra clave en la consulta fue "conservar", y los resultados ponen de manifiesto que ese es el deseo de los votantes. Ella explicó que la insólita figura fue solicitada por la comunidad, que quiere reconocer el valor histórico del Sarapiquí durante la Guerra del '56.

Tras el plebiscito, el mismo comité organizador se transformó en el Consejo para el Manejo de la Cuenca y se dedicó a redactar una ley, de la cual ya hay un borrador: "Proyecto de Declaración del Río Sarapiquí como Monumento Histórico Natural", que circula por la comunidad.

Según Juan José Jiménez, jefe de la subregión del MINAE de Sarapiquí, la ley ha de contemplar un Plan de Ordenamiento Ambiental de la Cuenca tras un estudio de ésta. En este estudio se clasifican los sectores según su mejor uso, se determina si hay deterioro y cuáles son las fortalezas. Jiménez aclaró que "existe la posibilidad de que se considere como no problemática la explotación hidroeléctrica en ciertas zonas".

Según Jiménez el estudio parece obligatorio, pero también es muy caro: "y alguien ha de correr con sus gastos. Ese alguien puede ser el ICE, puede ser la municipalidad a través de un impuesto o se puede buscar apoyo exterior".

La generación hidroeléctrica tras el plebiscito

Pese a las objeciones de Sarapiquí y otras comunidades sobre las perjuicios de la explotación hidroeléctrica, sus defensores insisten que es la forma más limpia y barata de producir energía.

Para López, sin embargo, el MINAE y el ICE han sido poco serios al plantear proyectos y no han tomado en cuenta a las comunidades.

Federico Avilés, ingeniero del ICE y coordinador del Estudio de Factiblidad del Proyecto Cariblanco, reconoció que en determinados momentos el ICE no consultó a las comunidades, pero afirma que en la última década esta actitud varió. Además agrega que " al empezar el ICE a trabajar el país estaba menos poblado y los proyectos no afectaban a la población; con los años ésta aumentó y la legislación ambiental también".

Según Avilés, el ICE no tiene plantas operando en la cuenca del Sarapiquí, "aunque no negamos nuestro interés en en Cariblanco", donde los estudios están avanzados. Para ello han realizado consultas a la comunidad, afirmación que contradice la de López, quien declaró que la comunidad de Cariblanco no ha sido consultada.

Avilés, Mora y López coinciden que desde ahora los proyectos han de contar con una discusión y negociación con las comunidades, lo que significará un manejo más responsable de los recursos.

"El problema es que el ICE se acostumbró a ver las cuencas en términos de agua y de energía hidroeléctrica, sin ver a la gente implicada", dijo López. "Necesitamos que nos aclaren si el ICE busca resolver los problemas y asuntos nacionales o ser una gran empresa de exportación de electricidad", agregó.

La pregunta de Mora va en otro sentido: ¿cómo satisfacer las necesidades energéticas del país cumpliendo los requisitos de la conservación ambiental? "El problema no es si hay o no impacto ambiental; el problema es si es necesario para el desarrollo nacional asumirlo y qué se puede hacer para minimizarlo".

Sobre los plebiscitos en comunidades, Mora no duda que se repetirán como herramienta de presión, aunque vislumbra otros espacios para dar la discusión: "¿Qué prevalece, la voluntad de la comunidad o el interés nacional?".

En relación con la manera de minimizar el impacto ambiental Mora sugirió que se impidiera la generación privada y que se hagan efectivos los reglamentos existentes. Además, antes que crear nuevas leyes le pareció necesario que el ICE, como principal interesado en la explotación de las cuencas, hiciera más sostenibles y transparentes sus políticas, al incluir la consulta popular.

"El ICE podría alegar que sus proyectos en Sarapiquí son de "conveniencia nacional" y con esto justificar la expropiación de tierras. Sin embargo, la madurez social en la región es tal que sin duda optará por la negociación".

Negociación: casi todas las personas entrevistadas caracterizaron así el camino que le espera a los nuevos proyectos hidroeléctricos en Sarapiquí después del plebiscito. Plantas como La Virgen, de la la ESPH, o Cariblanco por parte del ICE, deberán ser sometidas a consulta y negociación, a riesgo de enfrentar a la comunidad si se quieren imponer.

 

SeMueve, Costa Rica, América Central