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(Preparado por AECO-AT)
I. ACERCA DE LA EXPANSIÓN DE LAS COMPAÑÍAS MINERAS AURÍFERAS EN EL TERCER MUNDO
Cuando se consultan diversas fuentes de información acerca de las actividades de las compañías mineras interesadas en la explotación de oro nos damos cuenta del creciente interés por yacimientos situados en países del llamado "Tercer Mundo", a partir de los años 80.
Podemos citar los casos de Perú (Bliss y Olson, 1992); Bolivia (Charlier, 1993), los cuales describen ampliamente la forma en que firmas estadounidenses, al ser cuestionadas por grupos ambientalistas locales, buscan nuevos horizontes en ese país; República Dominicana (Danuron Dickson, 1993); Nicaragua (Elizondo, 1994); México (Williams, 1994); Venezuela (AMIGRANSA, 1994; Sartorio de Ponte, 1996) e Indonesia (Heinzl, 1996).
Asimismo, han sido publicado extensos estudios sobre el impacto ambiental y social de las explotaciones de oro por parte de grandes compañías transnacionales. Destacan entre ello el análisis global preparado por la organización británica Minewatch (Moody, 1992); los estudios sobre el caso de Fiji (Emberson-Bain, 1994a; destacable también de esta autora es su estudio sobre el impacto de la minería de oro sobre las mujeres en el Pacífico Sur de Oceanía (1994b) y el estudio de caso sobre la Mina Porgera en Papúa-Nueva Guinea (Mineral Policy Institute, 1995).
La revista "The Corporate Ethics Monitor" (Monitor de la Ética de Corporaciones) en su número de Julio-Agosto de 1994, al referirse al éxodo de compañías mineras de oro canadienses hacia países extranjeros, señala como causas principales de este fenómeno las siguientes :
- incentivos fiscales
- lucrativos depósitos de mineral
- menores costos de producción
- procesos de aprobación menos complicados y más expeditos y
- regulaciones ambientales menos estrictas (en cursiva en el original).
También señala que " el marco legal que protege el medio ambiente y la seguridad de los trabajadores es mucho menos agresivo en el extranjero, así como la presión pública para alcanzar tales regulaciones".
El creciente interés por la explotación de oro, de parte de muy diversas compañías mineras, se manifiesta también en los Estados Unidos, donde (según datos recabados por la Federación Nacional de Vida Silvestre de ese país) la cantidad de minas de oro en el oeste del país se ha incrementado en más de un 800 por ciento a partir de 1982 (Alberswerth et al, 1992).
La causa fundamental de este creciente interés se sitúa tanto en los aumentos en los precios del oro (una onza se cotiza actualmente a un precio cercano a los 395 dólares), que brindan un alto margen de utilidad, como a la reciente creación de métodos rentables en función de los costos de producción, para la extracción de oro de minerales sumamente pobres, gracias a la tecnología de extracción de oro por lixiviación con cianuro.
Según la DuPont Corporation, es económicamente viable obtener minerales con
solamente 0.01 onzas de oro por cada tonelada de material extraído. Esta
tecnología ha venido a substituir a la recuperación de oro por amalgamación
con mercurio, proceso ineficiente en términos de recuperación (60% en caso de
amalgamación con mercurio, hasta más del 97% en caso de extracción con
cianuro).
II. MINERÍA Y PUEBLOS INDÍGENAS
AMBIENTE: Minería destruyó la tierra, sostienen grupos indígenas
Por Pratap Chatterjee, InterPress Service, 17 May 1996
LONDRES, 14 mayo (IPS) Los minerales de la minería, desde el carbón al uranio, han transformado montañas en cráteres y contaminado los ríos, sostienen representantes de pueblos indígenas de unas 50 comunidades del mundo reunidos esta semana en esta capital.
Organizada por el Consejo Mundial de Iglesias, la Consulta sobre Pueblos Indígenas y Minería, discutirá hasta el 16 de mayo estrategias de acción con la participación de nativos de Namibia, Siberia, Guyana, Fiji y otras partes del globo.
Los indígenas relataron experiencias sobre la selva tropical transformada en una tierra árida en Nueva Guinea, en el Pacifico Sur, y la matanza de millones de peces producida por la extracción de cobre en Guyana y Filipinas.
Empresas mineras destruyeron en enero las viviendas de pueblos indígenas en Bihar, India, en la búsqueda de uranio, y en Suriname se produjeron ataques aéreos contra grupos que viven en tierras ricas en oro en junio del ano pasado.
En Venezuela, terratenientes contratan ''asesinos de indios'' para perseguir a quienes se oponen a la minería del cobre, relataron los participantes.
Para muchos pueblos indígenas, la destrucción causada por la minería y la violencia que la acompaña es completamente opuesta a los valores de sus culturas.
'Mai bula ki lagi' -- desde el corazón de la Tierra al cielo -- es lo que decimos en nuestro país para explicar el respeto por la santidad espiritual de la naturaleza y su valor material como fuente de sustento'', dijo Rabici Ganilau, de Fiji.
Según el grupo ambientalista Minewatch, unos tres millones de entre 300 y 400 millones de grupos indígenas que estima viven ahora en el planeta, explotan minerales a pequeña escala.
Pero en los últimos anos, desiertos remotos y bosques aun habitados por grupos nativos se convirtieron en el blanco de corporaciones multinacionales que tienden a agotar las fuentes minerales.
Minewatch estima que, desde 1940, mas de la mitad del uranio del mundo provino de tierras indígenas, y que en el 2010 la mitad del cobre y el oro se extraerán en estas tierras.
Aun en los casos en que los pueblos indígenas tienen derechos a la tierra, el Estado tiene la propiedad de las minas, mientras los indígenas ni siquiera pueden trabajar en la extracción.
En la zona de Irian Jaya, controlada por Indonesia, por ejemplo, la mayor mina de oro, en manos de la empresa Freeport McMoRan, de Nueva Orleans, solo 10 por ciento de la fuerza de trabajo es indígena.
Los desechos contaminantes de la minería que afectan al medio ambiente muchas veces perjudican directamente a los pueblos indígenas.
En Europa oriental, por ejemplo, alrededor de 46 por ciento de la basura generada, o 5.000 millones de toneladas, fueron producidas por la minería, según una reciente estimación de Integrated Solid Waste Management.
La estrategia de lucha contra el daño ambiental de los grupos indígenas se centra ahora en una acción conjunta en varias partes del planeta, ya que las empresas que operan en sus tierras en general forman parte de una multinacional con actividades en otras regiones indígenas.
La mayor empresa minera del mundo, la Río Tinto Zinc, con sede en Londres, se fusionó recientemente con Conzinc Riotinto de Australia para crear una compañía que genero en 1995 2.850 millones de dólares en ganancias -- antes de pagar impuestos -- en un total de ventas de 9.300 millones de dólares.
Otros gigantes de la minería incluyen a Broken Hill Propietary (BHP), de Australia, Anglo-American y De Beers en Sudáfrica, Noranda y Placer Dome en Canadá y Phelps Dodge y Cyprus en Estados Unidos.
Una de las tácticas que ya comenzaron a usar los grupos indígenas es el inicio de juicios contra las empresas en sus países de origen. Cortes en Melbourne han permitido que comunidades de Papua Nueva Guinea lleven ante la justicia la destrucción ambiental causada por empresas mineras.
En Nueva York permitieron a comunidades indígenas de Ecuador abrir juicio contra la Texaco por perforar sus tierras en busca de petróleo, y en Gran Bretaña un ex empleado de la Río Tinto Zinc enjuicio a la empresa por sus actividades en Namibia.